Juan Marcelo González nació en El Dorado, Misiones, hace 45 años. Tenía 17 cuando se vino para Buenos Aires para vivir en una pensión de Flores mientras trabajaba en un supermercado de Parque Avellaneda.
Un día fue a visitar a su hermano en el Barrio Rodrigo Bueno, en la Costanera Sur, y le planteó la idea de poner en sociedad una carnicería allí. La bautizaron San Expedito, el santo de las causas justas y urgentes. Por una curiosidad del destino, su hermano se llama Diego Armando.
Pasaron casi 20 años de aquel día y muchas adversidades y mucha lucha para mejorar la calidad de vida del lugar. Y hace dos meses todo cambió radicalmente cuando le entregaron una de las viviendas del Plan de Urbanización del barrio.
Junto a su mujer, Gisel, y su hija, Valentina, es uno de los 612 beneficiarios del Plan de Urbanización del Barrio Rodrigo Bueno

A partir del proyecto de integración social y urbana analizado en conjunto con los vecinos, se llevó adelante la construcción de 612 viviendas nuevas, el mejoramiento de las que quedaron en el barrio histórico, la provisión de infraestructura básica (agua corriente, electricidad, cloacas y pluviales) y la apertura de calles y pasillos. Las viviendas construidas por el gobierno de la Ciudad cuentan con calefones solares para reducir el consumo de energía, lograr un aprovechamiento inteligente de los recursos naturales y disminuir el impacto ambiental.
“No fue fácil”, recuerda Juan Marcelo volviendo a aquellos comienzos. “Mucha gente se estaba empezando a mudar al barrio y los cables no daban abasto. De día estaba todo bien. Pero a la noche, cuando todos volvían a sus casas, se prendían los aparatos y se cortaba el suministro”, continúa. Difícil llevar adelante una carnicería sin electricidad.
Durante un tiempo conservó los dos trabajos, hasta que un día decidió concentrarse exclusivamente en su emprendimiento y se mudó al barrio. Las cosas al principio tampoco fueron nada fáciles porque su vivienda precaria estaba en la zona de cota, un lugar muy expuesto a la contaminación, los insectos y las alimañas. Encima había un cementerio de autos en la cercanía, que ya no está más.
Actualmente, el barrio cuenta también con una Vivera Orgánica, un proyecto encabezado por 15 vecinas junto al Ministerio de Desarrollo Humano y Hábitat, que comenzó como huerta comunitaria y que luego se inauguró como un espacio de trabajo autogestivo, donde cultivan alimentos y plantas orgánicas que ya comenzaron a comercializar y les permite tener un ingreso sostenible.
Además, se inauguró un playón gastronómico que busca potenciar los emprendimientos de los vecinos y fortalecer el desarrollo económico del barrio mediante la integración con el sector privado, la formalización de comercios y la empleabilidad.
"La carnicería es un rubro muy esclavo. Me levanto a las 4 de la mañana y termino a las 9 de la noche. Pero no me quejo: lo único que pido es que haya trabajo" (Juan Marcelo González)

Desde el comienzo, y hasta ahora, un día en la vida de Juan Marcelo arranca a las 4 de la mañana para ir a Mataderos a comprar la carne. Luego ir al local y preparar todo para recibir la mercadería y comenzar la atención al público, hasta las 13. Almuerzo, una siesta y volver al negocio de 18 a 21. De domingo a domingo: “Es un rubro muy esclavo”, describe. “Pero no me quejo. Lo único que pido es que haya trabajo”.
En el barrio conoció a Gisel Ramos, su mujer. Y hace un año y medio llegó la “bendición” de su hijita Valentina. Tampoco fue fácil porque su vivienda estaba en una zona de riesgo muy expuesta a peligros no compatibles con un embarazo y una primera infancia. “Se nos complicaba”, dice.
Ahora muestra orgulloso su nueva casa, con sus dos habitaciones, el cuarto principal para él y Gisel, y el de Valentina. Todos los servicios y muy luminosa. “Por ahora no tenemos pensado agrandar la familia”, avisa con una carcajada. Y enseguida aclara: “No nos regalaron nada, eh. La vamos a pagar. Pero esto nos cambia la calidad de vida. Esto es de primer nivel. Estamos más que contentos”. La mirada se le ilumina.
“No nos regalaron nada, eh. La vamos a pagar. Pero esto nos cambia la calidad de vida". (Juan Marcelo González)

Un proyecto de urbanización similar se llevó adelante en el barrio Playón Chacarita. Son 513 viviendas distribuidas en 9 manzanas donde viven 2.764 personas en el sector delimitado por las calles Fraga, Teodoro García, Céspedes y avenida Triunvirato.
En Rodrigo Bueno, hasta el mes de noviembre ya se mudaron 233 familias a los nuevos edificios. Son 14 complejos de cuatro pisos. La de Juan Marcelo y Gisel está a dos cuadras de la carnicería.
En la planta baja los edificios tienen locales disponibles. Juan Marcelo ahora sueña con abrir en alguno de ellos su propia carnicería. A juzgar por su historia desde que llegó de El Dorado, su lucha constante por mejorar la calidad de vida del barrio y siempre remar contra las adversidades, no sería extraño ver pronto en el barrio una sucursal de San Expedito.
