
Un siglo atrás en Villa del Parque, lejos de las grandes edificaciones que vemos hoy, convivían distintas quintas y chacras en el barrio. Un grupo de vecinos que semanalmente se juntaban en la famosa estación del ferrocarril arrancaron un sueño: construir un club social y deportivo. Así fue como en 1922 nació el Club Gimnasia y Esgrima de Villa del Parque. Principalmente con un espíritu social para poder contar con un lugar de encuentro para toda la familia y los vecinos de la zona, el club nace de forma oficial con la mitad de los terrenos con los que cuenta actualmente.
Nos juntamos con seis socios históricos que a la vez fueron los presidentes del club en las últimas décadas: Jorge Abdala, Jorge Festa, Luis Chiesa, Nelson Omar Monza, Jorge Desseno y Walter Carmody, son parte de la rica historia de GEVP y los encargados de mantenerlo a flote. Con ellos nos adentramos en el mundo de la institución y en los desafíos que hoy les toca enfrentar.
“El club siempre hizo hincapié en la parte formativa para los niños, si hay algo que lo caracterizó a Villa del Parque fueron sus escuelas deportivas”, cuenta Jorge Desseno. Con deportes como tenis y esgrima la pata deportiva fue creciendo hasta llegar a la década del ’40 con un esplendor en sus dos disciplinas principales: cestoball y básquet. Así fue como dentro del mundo amateur lograron posicionarse en lo más alto de sus respectivas competencias. Y con esta gran mezcla entre lo social y lo deportivo, GEVP llega a los 5 mil socios.
En los inicios de la institución atraían una gran cantidad de público a todos sus eventos sociales. “Los carnavales y bailes del club eran famosos en toda la Ciudad, la gente se moría por venir”, recuerda Jorge Festa.
Es con esta mezcla del mundo social junto a la elite deportiva que hacían de Villa del Parque un club muy reconocido a nivel nacional. Luis Chiesa recuerda esa época gloriosa del club: “A partir de ese momento es cuando empiezan a salir los grupos generacionales que explota con los mundialistas del ‘50”. En el corazón de Villa del Parque es donde empezó a gestarse la base de la Selección Argentina de básquet que se iba a coronar en 1950 con el campeonato mundial. “La base de esa Selección era el equipo de Parque, eran todos vecinos del barrio. El equipo nació en el club”, cuenta Jorge Festa.
“El club siempre hizo hincapié en la parte formativa para los niños, si hay algo que lo caracterizó a Villa del Parque fueron sus escuelas deportivas”
El equipo de básquet de Gimnasia y Esgrima de Villa del Parque estaba en la elite deportiva de la región y en ese entonces Argentina se queda con la sede del primer mundial de básquet de la historia. El básquet argentino tenía los ojos puestos en el desarrollo del club y esto se vio reflejado en el armado de la selección nacional.
Se armó un comité deportivo especialmente diseñado para el Mundial de 1950 del cual los jugadores de Villa del Parque formaron parte. “Las decisiones se tomaban acá en Buenos Aires y en el club estaba la elite del básquet”, dice Carmody. Oscar Furlong, Roberto Viau, Jorge Nure, Roberto Pérez Varela y Omar Monza eran las estrellas del equipo Argentino y todos se criaron en Gimnasia y Esgrima de Villa del Parque. Sumado al director técnico Jorge Canavessi y el preparador físico Jorge Borau. Con la base del club, Argentina se consagró campeón del mundo en 1950 en una final histórica en el Luna Park enfrentando a Estados Unidos. Y los éxitos deportivos del club recién arrancaban.
Al año siguiente con el mismo equipo que se había alzado con la medalla de Oro, Argentina finaliza en segundo lugar en los Juegos Panamericanos. Muchos de los jugadores del club viajaron a los Juegos Olímpicos de Helsinki 1952 donde obtuvieron el cuarto lugar. En 1955 el equipo del club realiza una gira deportiva por distintos países de Europa finalizando en la Unión Soviética con la particularidad de no haber contado con un permiso oficial ya que la Argentina no mantenía relaciones con la URSS. Fue una gira con estadios colmados frente a los grandes equipos del mundo.

Los jugadores con el paso de los años quedaron ligados directamente con el club y muchos de ellos terminaron siendo entrenadores o hasta presidentes. El sentido de pertenencia hacia Villa del Parque era muy grande. “Mi papá terminó siendo presidente del club y toda su vida se dedicó a su desarrollo”, cuenta Nelson Monza sobre su padre Omar que hoy en día lleva el nombre oficial del gimnasio del club.
"Hoy estamos viendo que muchos chicos que llegan al club para competir terminan trayendo a sus padres"
Con el paso de los años fue mermando la cantidad de socios y la administración del día a día del club pasó a ser fundamental para su supervivencia. Ya en la década del ’80 el club contaba con mil socios pero un crecimiento sostenido en cuanto al total de disciplinas. Al profesionalizarse muchos de los deportes como el básquet, se hacía imposible poder mantener un equipo profesional que pueda viajar por el país y pagarles sueldos a los jugadores. Es por esto que durante medio siglo el club no contó con ningún equipo profesional luego de formar parte de la elite del básquet.
En 2004 buscando rememorar las gloriosas épocas deportivas, la comisión directiva decidió hacer un intento en formar el primer equipo profesional en su historia. Así fue como consiguieron una plaza para la tercera liga del básquet nacional. Carmody recuerda esos tiempos con una mezcla de nostalgia pero entendiendo que era casi una utopía poder mantenerlo. “Logramos formar un equipo competitivo, hasta ascendimos al TNA y trajimos a un extranjero de Estados Unidos como figura”, recuerda el presidente de ese entonces; “pero nos fuimos dando cuenta que como club de barrio era insostenible”. El proyecto duró simplemente un par de años ante las dificultades económicas.
Los logros deportivos del club igualmente se sostuvieron con el paso de las décadas al punto de llegar a contar con muchísimos premios nacionales. Fueron 9 los deportistas hasta la fecha salidos del club que fueron premiados por los Premios Olimpia, incluyendo un reconocimiento especial con el Olimpia de Plata a los jugadores del club pertenecientes a la Selección de 1950.
En el terreno de los reconocimientos, tanto Omar Ubaldo Monza como Enrique Francisco Arnossi recibieron en 2009 y 2016 respectivamente los premios Jorge Newbery de Bronce por su trayectoria y el desempeño en el desarrollo de los clubes de barrio.
En el 2017 previo a los Juegos Olímpicos de la Juventud Buenos Aires 2018, el club recibió la visita oficial de Luis Scola y luego de una edición de las #ClínicasDeportesBA junto a los alumnos del club, se realizó el anuncio oficial en donde se convertía en Embajador de la competencia.
“Hoy el club cuenta con 24 actividades y 90 empleados”, explica el actual presidente Jorge Abdala; “somos más que una PYME.” Esto refleja de alguna manera la situación de la gran mayoría de los clubes de barrio de la Ciudad (221 clubes inscriptos en el Registro Único de Instituciones Deportivas hasta la fecha), con la particularidad de que los directivos trabajan ad honorem.
Desde la Subsecretaría de Deportes de la Ciudad se creó un plan de subsidios para luminaria y proyectos deportivos a los Clubes de Barrio que están inscriptos en el RUID. En el año 2019 se brindaron subsidios a más de 130 clubes, entre ellos GEVP. En los últimos años el club logró realizar grandes reformas gracias a los subsidios entregados: reparación del piso flotante de la cancha de básquet, reacondicionamiento del piso del primer subsuelo, adquisición de material deportivo, recambio de luminarias LED a los gimnasios, puesta en valor del natatorio, entre otras.
“Es mucho el esfuerzo y son muchas las horas que hay que dedicarle al club para sacarlo adelante”, dice Festa. “Por suerte todos nosotros que nos criamos en el club lo sentimos como nuestra casa y entendemos la necesidad de estar presentes. Podemos tener diferencias pero al final del día todos buscamos lo mejor para el club”, agrega Monza describiendo los traspasos del mandato presidencial entre los socios más antiguos.
Hoy el club cuenta con 24 actividades
Cada uno de ellos tiene toda una vida en Villa del Parque y el club significa básicamente su segundo hogar. Abdala es el único de los seis que no se crío en el club pero se sumó al conocer a su esposa y cuenta su experiencia personal: “Se ha transformado en mi segunda casa. Conocí a mi familia y la he formado acá. Le dedico mucha pasión y amor.”
“El club es una parte importantísima de nuestras vidas. Llegué al club a los 7 años, conocí a mi mujer acá hace 60 y mis hijos también crecieron acá. Es una de las partes más importante de mi vida”, recuerda Festa emocionado.
“Mis padres y mis tíos fueron socios; mis primos, mi hermana y yo también; después mis hijos y ahora andan corriendo por ahí mis nietos. El club era y es mi casa. Siempre tuve una sensación de pertenencia, cuando entraba al club tenía la misma tranquilidad que cuando entraba a mi casa”, agrega Chiesa.
Esta misma historia se repite con Monza y Dessano. “Mis padres se conocieron en el club y de chico hice deporte con mis hermanas. Hoy mis hijos juegan al básquet acá. Es prácticamente mi casa”, cuenta Nelson. Y Jorge rememora su experiencia: “el club es contención, es una pasión y un conjunto de vivencias que a uno lo motivan. Ver crecer a todos mis hijos aquí, mis nietos… no me quiero poner nostálgico pero tengo una historia muy rica en el club.”

Walter Carmody también conoció a su esposa en la institución y toda su familia forma parte; pero hace hincapié en el futuro del club y en los cambios de hábito de las nuevas generaciones: “Antes te casabas y te ibas a mudar al lado del club para estar cerca; hoy mis hijos están divididos por todas partes según donde jueguen, cambió la cosa”. Festa se suma a la preocupación de la mesa y la incertidumbre de cuando ellos no estén más: “La siguiente generación no va a tener el sentido de pertenencia que tenemos nosotros”.
“Por otra lado, hoy estamos viendo que muchos chicos que llegan al club para competir terminan trayendo a sus padres. Se está dando la situación a la inversa y es una buena forma de atraer nuevos socios”, describe Carmody sobre las nuevas dinámicas de estos últimos años.
Estas realidades son compartidas por gran parte de los clubes de barrio en la actualidad, lugares que nacieron para ser una contención social y contaban con un arraigo muy grande que buscan sostener en el tiempo. Es un desafío que en Villa del Parque están dispuestos a dar con su rica historia y por lo pronto tienen un próximo objetivo en el horizonte: la gran fiesta del centenario.