Las aventuras de Robin Hood
Las aventuras de Robin Hood
Incluso con efectos digitales, presupuestos estratosféricos, actores híper conocidos e imágenes fantásticas, es difícil encontrar hoy una película de aventuras tan divertida y bella como esta, una de las primeras grandes producciones en Technicolor.
¿Cuándo?
Sábado 10 de enero, 18 h.
¿Dónde?
Centro Cultural Recoleta | Junín 1930 | Recoleta
Gratis
Errol Flynn es el Robin Hood definitivo, y lo que construye junto a la Marian de Olivia de Havilland es pura comedia moderna. No solo es épica, veloz, llena de humor y simpatía: incluye una de las mejores —e insuperables— secuencias de acción de todos los tiempos, el duelo entre Flynn y el villano interpretado por Basil Rathbone, ambos extraordinarios esgrimistas fuera de la pantalla. Y es, además, una demostración de cómo crear un mundo de fantasía con personajes cercanos al espectador. Casi noventa años después de su estreno, sigue siendo una fiesta.
Sábados de superacción
Gran parte de lo que nuestra generación (más de 40, lo siento) conoce del cine, gran parte del amor que le tiene a ese arte, nació de mirar en continuado, en blanco y negro, en aparatos rebeldes a los que se le movía la imagen, cientos de films que tanto podían ser clase Z como obras maestras. Canal 13 o Canal 11 mezclaban series y largometrajes, casi siempre de género, durante horas cada sábado o domingo. El ciclo señero era Sábados de Súper Acción, en el 11, desde las doce del mediodía hasta casi la medianoche (el último fragmento se llamaba “Hollywood en castellano”). Desde monstruos tipo Godzilla o invasiones extraterrestres hasta cowboys valerosos y ejércitos intrépidos, pasando por casi todo cómico conocido o por conocer, formaron de modo caleidoscópico la fascinación por el audiovisual.
En aquellos ciclos, uno podía acceder a los grandes clásicos del cine de los treinta, cuarenta o cincuenta. Conocimos a John Ford, Howard Hawks o Alfred Hitchcock, sí, pero también a una cantidad gigantesca de artesanos y obras que hoy quedaron un poco invisibilizadas por no haberse vuelto ni canónicas ni despreciadas. Y son -algo que a muchos cinéfilos hoy les molesta- divertidas. Porque el placer fue siempre el vehículo para que nos pegáramos a la pantalla, de cualquier tamaño, color y comportamiento. Así que todos los meses vamos a dedicarle un sábado a esas películas y también a capítulos de series o ese material de valor que ha caído en el olvido o la indiferencia. Seamos chicos de nuevo, agarremos los revólveres de plástico y el vaso de chocolatada, y vamos.
Leonardo M. D'Espósito, curador del ciclo.