FÉLIX DE AZARA
 

La escuela Félix de Azara, fue bautizada con ese nombre en honor a un famoso naturalista español que ... maravillado por la flora y fauna de nuestra América, desconocida por los europeos de entonces, estudió cuanto pudo sobre el tema, llevando a los países del viejo continente, colecciones de insectos y animales embalsamados que provocaron una gran curiosidad. 
Azara basó sus descripciones de las poblaciones indígenas en sus experiencias y en el contacto directo con los indios. Sus apuntes sobre el tema son una valiosa fuente para el conocimiento de esos grupos.

 

Etnógrafo, zoólogo y geógrafo (Naturalista)
 
Nació en Barbuñales (Huesca, España) el 18 de mayo de 1742.

Autodidacta en todos los campos científicos en los que brilló, Félix de Azara puede considerarse uno de los más grandes naturalistas que visitaron nuestro país.

Considerado por algunos como uno de los primeros mentores de la idea de la evolución de las especies, este español produjo una obra descriptiva fundamental acerca de la zoología, la geografía y la etnografía de la América meridional.

Nacido en el seno de una acomodada familia española de la ciudad de Barbuñales (región de Huesca), el 18 de mayo de 1742, Félix de Azara tuvo una excelente formación, primero en la Universidad de Huesca y luego en el ejército. En esta institución, recibió una educación nutrida por bastos conocimientos matemáticos y científicos, y bastante alejada del cerrado aristotelismo que primaba en las universidades europeas del siglo XVIII. En 1761, continuó su educación en Barcelona, en la famosa Academia Militar, y en 1767 recibió el grado de Subteniente de Infantería e Ingeniero delineador de los ejércitos nacionales, plazas y fronteras.

Hasta 1864, Azara desarrolló trabajos que poco tenían que ver con la vida militar: realizó correcciones hidráulicas de varios ríos españoles, reconstruyó fortificaciones, y otros varios trabajo de ingeniería. Por sus méritos, fue nombrado Maestro de Estudios de Ingenieros de Barcelona. En 1775 participó de la guerra entre España y Argelia, y fue gravemente herido. La convalecencia le insumió cinco largos años, luego de los cuales, ya con el grado de Teniente Coronel, recibió la orden de trasladarse a América (como Comisario de la Tercera Partida Demarcadora de Límites), para cumplir las tareas de demarcación derivadas del Tratado de Tordesillas.

El tratado, firmado por España y Portugal en 1494, y actualizado en 1750, ordenaba que ingenieros de ambas nacionalidades establecieran una comisión encargada de determinar un meridiano tal que al Este del mismo las tierras fueran portuguesas y al Oeste, españolas. Los lusitanos, muchos más avezados en la conquista, establecieron rápidamente ciudades y asentamientos, en territorios que a veces correspondían a España. Por este motivo, retacearon colaboración para constituir la comisión mixta, y el Tratado naufragó por las repetidas dilaciones. En este contexto, Azara fue designado para cumplir una alta misión política, dado que de la suerte de su trabajo dependía la efectiva posesión de territorios por parte de España. No obstante, desde la Metrópoli nunca hubo un real apoyo a la misión, y más de una vez Azara quedó huérfano de instrucciones, apoyo logístico y provisiones.

Lejos de convertirse en una traba definitiva, la situación impulsó a Azara a realizar otras actividades, que no tenían que ver con los planes originales y que, a la sazón, lo convertirían en el naturalista más destacado de su tiempo: para no quedar ocioso a la espera de órdenes, realizó numerosas expediciones a distintas geografías de la Argentina, Brasil, el Paraguay y el Uruguay, costeando los gastos de su propio pecunio, con un instrumental precario que debía esconder para no delatar sus actividades y sin un bagaje de conocimientos teóricos que le ayudaran a realizar sus descripciones zoológicas y etnográficas.

Azara arribó a Buenos Aires a mediados de mayo de 1781. A la espera de la contraparte portuguesa que debía integrar la comisión, perdió varios meses, infructuosos en todo sentido, hasta que decidió que algo debía hacer. Comenzó entonces con sus viajes al interior, casi siempre furtivos y por pocos días (ya que la orden real que tenía lo obligaba a permanecer en Buenos Aires), que realizaba munido de sus instrumentos de medición. Con ellos observaba cada día el cielo diurno y nocturno, tomaba la posición de las estrellas y datos geográficos interesantes. Casi de inmediato, comenzó también a atender a las plantas, los animales y los hombres de estas tierras y a anotar cada observación con un detallismo extremo. De tal manera, sus descripciones físicas, geográficas y zoológicas, compiladas en obras tales como Viajes por la América meridional o Geografía física y esférica de las provincias del Paraguay y Misiones guaraníes, serían luego admiradas en el Viejo Continente por su rigor observacional, los métodos de clasificación empleados y las teorías propuestas. Lo más asombrosos es que Azara era un verdadero autodidacta en la materia y desconocía la obra de los grandes naturalistas europeos que le precedieron. Incluso, cuando en 1796 recibió la obra de Buffon que había solicitado a España con urgencia, ya había elaborado su propio sistema de clasificación (con el cual realizó las obras Apuntamientos para la Historia Natural de los páxaros del Paraguay y Río de la Plata y Apuntamientos para la Historia Natural de los quadrúpedos del Paraguay y Río de la Plata). Y no sólo eso: también se dio el gusto de realizar un examen crítico de las taxonomías de Buffon, apuntando correcciones a la obra del gran naturalista, que juzgaba defectuosa por desconocimiento de muchas especies animales americanas.

Posteriormente, Azara también discutió la teoría de las grandes emigraciones animales (como fundamento del poblamiento general del planeta) y abrazó la hipótesis creacionista, en la que incluía la posibilidad de creaciones simultáneas y creaciones sucesivas. También proponía las causas de carácter interno como motor de las mutaciones observadas en diferentes especies animales, aproximándose así a la teoría de la herencia que cristalizaría un siglo después.

En 1794, recibió nuevas órdenes de la Corona española, una vez asumido el fracaso del Tratado de Tordesillas. "Se me dio el mando de toda la frontera del Sur –recordaría Azara-, y se me ordenó reconocer el país, avanzando hacia el sur, porque se querían extender las fronteras españolas en esa dirección. Cuando terminé esta comisión, el Virrey me permitió visitar todas las posesiones españolas al sur del Río de la Plata y del Paraná." Para esa época redactó la obra Descripción e historia del Paraguay y del Río de la Plata (inédita) en dos tomos, que incluye anotaciones sobre insectos, peces, reptiles, "vegetales silvestres", "vegetales de cultivo" y "sales minerales".

En su momento, la obra de Azara pasó desapercibida y muchos de sus escritos fueron destruidos, por la desidia e ignorancia de quienes los recibieron. Algunas de sus colecciones de pájaros, también, fueron descartadas porque los nombres de los animales estaban escritos en lenguas indígenas, y porque no se citaba a Buffon como autoridad legitimadora.

Sin embargo, Azara obtuvo el reconocimiento que ameritaba su labor. De regreso a España, en 1801, integró numerosas sociedades científicas y fue homenajeado en el Museo de Historia Natural de Madrid y en París. Más tarde le ofrecieron ser Virrey en México (ofrecimiento que rechazó) y en 1805 se integró a la Junta de Fortificaciones.

Se retiró en su ciudad natal, Barbuñales, hacia 1815. Allí, redactó numerosos informes y mejoró algunas de las obras realizadas durante sus 20 años de estadía en América.

Murió en Barbuñales (Huesca, España) el 17 de octubre de 1821.