Una de estas problemáticas son las adopciones ilegales toleradas tanto por las instituciones como por la sociedad que acepta y naturaliza ciertas prácticas como la compra de recién nacidos o niños muy pequeños pertenecientes a familias pobres, aunque se viole la ley. Mediante estos procedimientos, los niños son tratados como un producto de intercambio, una mercancía que los despoja de su condición esencial de "ser humano" y se lo cotiza en un mercado de oferta y demanda según edad, color, etnia quedando reducidos a una transacción en la que están involucrados una serie de intermediarios profesionales y funcionarios que abusan de la situación social de los progenitores.