La muestra "Algas caídas" propuso un encuentro de herborización en clave anfibia en el museo, tomando como eje conceptual el carácter aclimatizador y maravilloso de su jardín de origen morisco, puesto en diálogo con las obras de la artista francesa Kalie Granier, quien reside alternativamente entre California y París. La condición migrante de la artista le permitió mantenerse en contacto con las algas toro o Nereocystis luetkeana, de color pardo, presentes en las aguas del océano y capaces de alcanzar casi 50 metros de longitud.
A través de la transmutación de la materia que su práctica artística propiciaba, la instalación escultórica de algas marinas desplegada en el Museo estableció un diálogo con el jardín de corte arábigo en el corazón de la Ciudad de Buenos Aires. Este cruce permitió reflexionar sobre la potencia migrante y adaptativa de lo vegetal, no solo en términos biológicos, sino también en relación con la generación de nuevos sentidos estéticos y dinámicos capaces de invitarnos a percibir y diseñar un mundo posible más enriquecido (Pablo La Padula).
Curaduría Pablo Lapadula