Sí, esta se estrenó y sin cortes... pero cinco años después de su salida en todo el mundo. Admitamos que tuvo además problemas en casi todas partes porque la censura es universalmente tonta: el film de los Monty Python sigue a un pobre tipo que es confundido una y otra vez con el Mesías mientras Jesús (que apenas aparece de lejos, muy lejos) realizaba su prédica. Parecía una burla a la religión, pero no sólo es de las comedias más cómicas de la Historia sino que -esto también se lo debemos a Aníbal Vinelli, autor de la crítica de estreno en el diario Clarín- su blanco era menos “Cristo que Cecil (B. De Mille)”, dado que el punto más paródico se da contra los grandes espectáculos bíblicos de Hollywood. Aunque, por supuesto, los Python sabían a qué estaban jugando. Pero no se puede negar que eran ecuánimes: antes de que naciera alguien capaz de decir “woke”, destrozaban discursos de derecha, izquierda, arriba y abajo (sobre todo “buenistas”) con un filo hoy imposible de ejercer (“llámenme Loretta”). Joya inteligente que no desdeña ninguna oportunidad ni tipo de humor, le ganó ampliamente a Anastasia.
Las locuras de Doña Anastasia
Sábados y domingos de marzo | 18 h
Se cumplen cincuenta años desde que, por última vez, las fuerzas armadas se levantaron contra la democracia en la Argentina. Sabemos que instaló el sistema represivo más cruel que hemos visto en nuestro país durante el siglo XX, y que las consecuencias de aquellos crímenes siguen permeando a gran parte de la sociedad. Pero la dictadura fue también represiva respecto del pensamiento y ejerció una censura que podemos definir académicamente como imbécil. Su primer adalid, que ya ejercía la represión cinematográfica y la gimnasia de las tijeras, fue Miguel Paulino Tato, pero no fue el único.
Amo y señor durante los setenta del Ente de Calificación Cinematográfica (en la práctica, una guillotina cinematográfica), no sólo evitó el estreno de centenas de films, sino que mutiló a la mayoría de los que sí se estrenaron. Eran los años en los que campeaba Anastasia, el apodo que algunos pocos valientes en los medios le daban a la a veces ridícula censura. Entre esos valientes estaba el crítico Aníbal M. Vinelli, que en su columna “Cortes y Confesión” de la revista Humor se animaba a decir cuántos minutos o qué escenas habían sido suprimidas de las películas que llegaban a las pantallas. Este ciclo incluye varios de los hallazgos de Vinelli, y cuando revisamos estos films se demuestra que el uso del término “imbécil” es menos un insulto que una descripción precisa. Las películas irán, como corresponde, sin cortes: quienes las hayan visto en los cines quizás descubran que son muy diferentes de lo que recordaban.
Entrada sin cargo para argentinos y residentes. Sujeto a capacidad de sala. Película solo apta para mayores de 16 años.