Durante los primeros minutos, se puede pensar que es la sátira de las películas “de secundario”, una caricatura de la frivolidad de cierta clase alta. Cher es la hija de un político importante, vive en un mundo de marcas y colores y, repentinamente, descubre que el universo es un poco -un mucho- más complejo, y decide hacer algo para mejorarlo. Ni más ni menos la adaptación de Emma, de Jane Austen, donde la frivolidad no excluye la inteligencia, y ese es tal vez el mayor de los aciertos de una película que al mismo tiempo se reía de la corrección política sin dejar de ser amplia e inclusiva (aunque no necesitó subrayarlo ni señalar al espectador con el dedo). El elenco (Alicia Silverstone, Dan Hedaya y Paul Rudd en particular) entiende a sus personajes y les otorga una enorme humanidad.
Entrada sin cargo para argentinos y residentes. Sujeto a capacidad de sala. Película solo apta para mayores de 13 años.
Las chicas solo quieren divertirse
Viernes de marzo | 18 h
Le costó mucho a las mujeres llegar a la dirección cinematográfica, y mucho más en Hollywood que en otros países. Más allá de precursoras como la gran Ida Lupino, ser mujer e imponer una puesta en escena resultaba utópico. Pero en los años ochenta las cosas comenzaron a moverse en ese sentido y apareció una generación de realizadoras con peso y mundo propio, que además eran capaces de acercarse a lo femenino de un modo ni estereotipado ni romantizado. E hicieron comedias, muchas y buenas. De tres de esas realizadoras presentamos películas, todas extraordinarias, divertidas, femeninas en cuanto a tema y universales en cuanto a impacto, que se han vuelto definitivamente clásicos modernos del mejor cine.