Esta también le ganó (por puntos) a la censura. En nuestro país, nunca se estrenó el film anterior de Héctor Babenco (argentino que debió marchar a Brasil a hacer cine), Lucio Flávio-Pasajero de la agonía, que era de una crudeza política notable. Pero Pixote sí, sólo que en diciembre de 1983, una vez asumido el gobierno de Raúl Alfonsín. Y sí, es una película exclusivamente adulta. La vida de un niño de 10 años involucrado en el crimen y la marginalidad -en la que no falta el sexo o el abuso- es de una enorme crudeza y Babenco no ahorra nada. Es, por mucho, más dura y molesta -en el mejor sentido- que Ciudad de Dios, que parece su parodia estilizada al gusto de Hollywood. Hoy esta película no podría filmarse de ningún modo, y no por eso sus últimos minutos dejan de ser conmovedores y demoledores (ese juego en las vías, esa demostración de que ahí hay un niño). De algún modo, resulta mucho más relevante hoy que en su época de estreno.
Las locuras de Doña Anastasia
Sábados y domingos de marzo | 18 h
Se cumplen cincuenta años desde que, por última vez, las fuerzas armadas se levantaron contra la democracia en la Argentina. Sabemos que instaló el sistema represivo más cruel que hemos visto en nuestro país durante el siglo XX, y que las consecuencias de aquellos crímenes siguen permeando a gran parte de la sociedad. Pero la dictadura fue también represiva respecto del pensamiento y ejerció una censura que podemos definir académicamente como imbécil. Su primer adalid, que ya ejercía la represión cinematográfica y la gimnasia de las tijeras, fue Miguel Paulino Tato, pero no fue el único.
Amo y señor durante los setenta del Ente de Calificación Cinematográfica (en la práctica, una guillotina cinematográfica), no sólo evitó el estreno de centenas de films, sino que mutiló a la mayoría de los que sí se estrenaron. Eran los años en los que campeaba Anastasia, el apodo que algunos pocos valientes en los medios le daban a la a veces ridícula censura. Entre esos valientes estaba el crítico Aníbal M. Vinelli, que en su columna “Cortes y Confesión” de la revista Humor se animaba a decir cuántos minutos o qué escenas habían sido suprimidas de las películas que llegaban a las pantallas. Este ciclo incluye varios de los hallazgos de Vinelli, y cuando revisamos estos films se demuestra que el uso del término “imbécil” es menos un insulto que una descripción precisa. Las películas irán, como corresponde, sin cortes: quienes las hayan visto en los cines quizás descubran que son muy diferentes de lo que recordaban.
Entrada sin cargo para argentinos y residentes. Sujeto a capacidad de sala. Película solo apta para mayores de 16 años.