Dos hombres con nada que perder llegan al México convulsionado por Benito Juárez. Maximiliano tiene un plan: usar un tesoro en oro para contratar mercenarios que lo ayuden a permanecer en el poder. Estos hombres (Gary Cooper, el “justo”; Burt Lancaster, “el salvaje”) y otros son contratados para escoltar a una mujer, pero ese vehículo lleva escondido aquel dinero. Aldrich mezcla las idas y vueltas de estos tipos que desean quedarse con el tesoro, con una situación política inestable y, sobre todo, se pregunta por el sentido de la violencia. Vínculo clave del western con la picaresca y notable por la dinámica entre sus dos estrellas, es el costado más salvaje del género.
Viernes de western
Viernes de abril | 18 h | Cine
Dos géneros cinematográficos emocionaban a Jorge Luis Borges: el de gánsteres y el western. En ambos, el escritor veía la aparición de aquello para lo que el cine parecía destinado: la épica. En este siglo, como se ha dicho, la tradición épica ha sido salvada para el mundo, insólitamente, por Hollywood.
“Cuando fui a París, sentí ganas de escandalizar a la gente y cuando me preguntaron —sabían que el cine me interesaba, o que me había interesado, porque ahora veo muy poco— me preguntaron: «¿Qué clase de películas le gustan?» Y yo contesté: «Francamente, lo que más me gusta son los westerns». Eran todos franceses y todos opinaron como yo. Me dijeron: «Por supuesto, vemos películas como Hiroshima, mon amour o El año pasado en Marienbad por un sentimiento del deber, pero cuando queremos sentirnos realmente a gusto, vemos películas norteamericanas.» “, dijo en una entrevista.
Y, aunque subrayaba ese “quería escandalizar”, decía la verdad: desde sus tempranas críticas en Sur aparece su predilección por la acción, la conquista del territorio o la defensa de un baluarte. En un año borgiano, entonces, nada mejor que esta selección de cuatro de los mejores westerns de la historia, recordando, de paso, que Más corazón que odio (para muchos, el ejemplo más acabado del género) cumple setenta años.
Entrada sin cargo para argentinos y residentes. Sujeto a capacidad de sala.