
Hay saberes que no se aprenden en un aula, pero también merecen ser reconocidos. SecundarT, el programa de terminalidad secundaria para mayores de 25 años, parte de esa convicción: que la experiencia vale, que los conocimientos acumulados a lo largo de los años en el trabajo, en la vida cotidiana o en oficios ejercidos durante mucho tiempo también construyen una base sólida para seguir formándose.
“Desde el principio me pareció importante el reconocimiento de saberes, porque te da la noción de la vigencia de lo que sabés y un punto de partida más objetivo”, cuenta Simón, operario de depósito que se inscribió para terminar el secundario. Este sistema, que permite rendir contenidos ya conocidos y avanzar más rápido, es una de las herramientas clave del programa.

El programa combina cursada virtual, autoasistida y presencial, con el acompañamiento permanente de tutores y docentes. Esa flexibilidad permite adaptarse a realidades diversas, donde estudiar convive con el trabajo, la crianza o la organización del hogar. Pero también genera un puente concreto entre lo aprendido en la práctica y los contenidos curriculares, favoreciendo la profesionalización de quienes ya están insertos en el mundo laboral.
“Cada una de las materias tiene un enfoque con situaciones a resolver como las que te pueden pasar en el trabajo”, dice Simón. Y Nicolás, profesor de básquet, lo complementa: “Lo que más mejoré fueron las habilidades blandas, que nunca había tenido, y además aprendí a usar programas que me van a servir en el laburo”.
La propuesta se adapta al ritmo de cada estudiante y no impone un único camino. “Muchos estudiantes trabajan, cuidan a sus familias y tienen responsabilidades diversas. La principal dificultad es el tiempo para sentarse a estudiar, por eso nuestro rol es motivarlos, ayudarlos a organizarse y recordarles que no tienen que hacerlo todo de golpe”, explica Tomás, tutor del programa.
A través del seguimiento personalizado, el equipo de SecundarT sostiene a quienes más lo necesitan. “Intento motivar a los estudiantes para que visiten la sede. Entiendo que la cercanía con los profesores y el espacio áulico puede ser un excelente punto de partida en su continuidad formativa”, agrega Rocío, otra de las tutoras. Y lo viven así también los estudiantes: “La plataforma está excelente y las tutoras, unas genias, me ayudan en todo”, dice Nicolás.
“El perfil de los alumnos y sus objetivos es muy diverso. Muchos lo hacen por una mejora laboral, otros para seguir estudiando. Pero para la mayoría, el certificado no es solo un papel: es una conquista personal, un ejemplo para sus hijos y una herramienta concreta para mejorar su calidad de vida”, afirma Tomás.
“Una alumna llegó a rendir un examen con su bebé en brazos. Otro estudiante confesó que sentía vergüenza de mirar a sus hijos a los ojos por no tener el título. Historias como estás nos recuerdan por qué hacemos este trabajo”, concluye Tomás.
Esta propuesta ofrece una segunda oportunidad que parte del camino ya recorrido. Lo que hace es reconocerlo, valorarlo y transformarlo para seguir creciendo.