Ya comenzaron las obras integrales de puesta en valor de la Capilla Nuestra Señora
del Huerto, que forma parte del conjunto de edificios del Hospital Rivadavia, para
restablecer su valor arquitectónico y artístico.
Las intervenciones abarcan la totalidad del edificio, tanto las superficies exteriores como interiores, incluyendo la cúpula, la linterna, el ábside, la sacristía, la cubierta del atrio y los locales anexos. Los trabajos comprenden la limpieza integral de la fachada, el retiro de los elementos no originales, la renovación de las carpinterías y los pisos, tratamientos de herrería, la reconstrucción de los cielorrasos abovedados, la restauración de los vitrales y la incorporación de iluminación LED.
Esta capilla, diseñada por el arquitecto sueco Enrique Aberg, fue inaugurada en 1887.
Forma parte de un conjunto de pabellones separados por jardines e integrados por galerías semicubiertas que hacen que el ingreso principal pase desapercibido y se vea representado exclusivamente por la leyenda “Ave María”.
Historia del hospital
El Hospital Rivadavia es el nosocomio vigente más antiguo del país. Fue inaugurado en noviembre de 1774 como una sala de 13 camas. A la derecha se encontraba el Asilo de Huérfanas fundado por don Francisco Álvarez Campana en 1755, en la actual calle Bartolomé Mitre al 800. Del otro lado del orfelinato, en la esquina de Suipacha, se levantaba la iglesia de San Miguel (en el sitio de su emplazamiento actual).
Las tres construcciones fueron realizadas por una congregación de laicos llamada
Hermandad de la Santa Caridad de Nuestro Señor Jesucristo, fundada en l727 por el
gaditano Juan Alonso González (futuro bisabuelo del general Belgrano), para enterrar a las víctimas de la epidemia de ese año que no contaban con recursos.
Las obras comenzaron el 6 de mayo de 1881 bajo la dirección del arquitecto sueco Enrique Aberg, autor de los planos, y se hizo en pabellones de influencia neoclásica, separados por jardines, de acuerdo a modernos cánones europeos que exigían la presencia de cierta superficie libre por paciente internada, a fin de ayudar a una más rápida y segura curación.
La parquización fue ejecutada por el primer intendente que tuvo la Capital Federal, don
Torcuato de Alvear (período 1882-1886), que donó la botica de su propio peculio y la
mantuvo hasta su muerte acaecida en 1890. El 28 de abril de 1887 el ministro del Interior Dr. Eduardo Wilde –médico de nota y destacado escritor– inauguró los palaciegos edificios iluminados por gas, a los que se accedía en vehículos de tracción a sangre, por calles anegadizas.