Con el nuevo ordenamiento económico y político luego de la caída del Directorio, en la década de 1820 las ideas federales fueron la clave para organizar todo el país.
Rivadavia, fue nombrado, primero, ministro de Gobierno y Relaciones Exteriores. Propuso una serie de reformas que formaron parte de un vasto programa de modernización del Estado, entre las que se puede mencionar la sanción de la Ley de Sufragio Universal (1821) en la que sólo podía votar “todo hombre libre, natural del país o avecinado en él, desde la edad de 20 años, o antes si fuere emancipado”.
En el plano social y educativo, Rivadavia propuso la creación de la Universidad de Buenos Aires (1821), el Colegio de Ciencias Morales (actualmente colegio Nacional de Buenos Aires) y el archivo documental (lo que se conoce hoy como “Archivo General de la Nación). Organizó la Casa de Niños Expósitos y creó la Sociedad de Beneficencia.
Con la guerra contra el Brasil, por la anexión de la Banda Oriental, a fines de 1825, el Congreso decidió y tuvo la necesidad de tener una autoridad que represente a todas las Provincias Unidas. En febrero de 1826 se sancionó la Ley de Presidencia que creaba dicho cargo. El influyente ministro Rivadavia fue el primero en ocuparlo.
No obstante, las diferencias dentro del Congreso se encarnaron en dos partidos irreconciliables: por un lado, el partido unitario que buscaba la centralización del gobierno; por el otro, el partido federal que pregonaba por el respeto de la soberanía de las provincias y su capacidad de autogobierno. División que se profundizó con la Ley de Capitalización de la ciudad de Buenos Aires (dictada por Rivadavia) por medio de la cual Buenos Aires fue federalizada y declarada capital de la Nación. Esto implicó, entre muchas cuestiones, que el puerto y los ingresos de la aduana pasaron a depender del gobierno central.
Otra medida polémica, denominada “extranjerizante”, fue el fomento, por parte de Rivadavia, de las inversiones extranjeras.
Los opositores veían en él su ambición por el progreso urbano, por introducir las modas europeas y sin mucho interés en el progreso rural.
La presidencia de Rivadavia -ya con una Constitución sancionada en 1826 que establecía un régimen centralista, representativo y republicano, junto con amplias atribuciones al Poder Ejecutivo-, finaliza con su propia renuncia en junio de 1827. La guerra con el Brasil trajo aparejado una serie de consecuencias devastadoras como el bloqueo del puerto de Buenos Aires. La renuncia se produjo ante la noticia indignante en la que se reconocía los derechos de autoridad del Imperio de Brasil sobre la Banda Oriental.
Momentos difíciles y crisis diplomática Por Rocío Relancio
No es un secreto la toma de postura de Mariquita en favor de los franceses, sobre todo a partir de su matrimonio con Mendeville y la transformación de su casa en la sede consular. El fin de la década de 1820, fue, con respecto a la diplomacia, turbulento. Las relaciones entre el Río de la Plata y Francia eran tensas y el sentimiento antifrancés comenzó a gestarse.
Se cuenta que en medio de la crisis diplomática, la casa de los Mendeville, centro de las reuniones francesas en Buenos Aires, fue atacada. Ante la ofensiva, Mariquita enfrentaría a los agresores, pidiendo que alguno le enseñara los mismos blasones patrióticos que ella tenía. Se dice que todos retrocedieron ante ella.
La profundización de esta crisis será uno de los motivos que la llevarán a enfrentarse a Juan Manuel de Rosas, quien la acusó de “afrancesada”.
Carta de Mariquita Sánchez a Domingo Faustino Sarmiento Sanchez, Mariquita (1819). “A Domingo Faustino Sarmiento”. En Mizraje, Gabriela [ed.] (2003), Mariquita Sánchez de Thompson, Intimidad y política. Diario, cartas y recuerdos, (pp.357-361). Adriana Hidalgo Editora:Buenos Aires, 2010
1.
¡Qué mala partida me ha hecho el viejo amigo con ese negro informe contra esta pobre Sociedad! ¡Yo que estaba tan contenta del trato que me había propuesto para hacer bien, y me veo en letra de molde! Mis compañeras están sentidas en alto grado; pero yo tengo más filosofía y aquí tiene la prueba. Usted nos acrimina porque no hacemos innovaciones y, entretanto, con todas sus evoluciones, nos da usted el resultado más triste de su Escuela Modelo ¡que no ha quedado fijo sino un discípulo! Es preciosa su ingenuidad, pues a nosotros no se nos van, tenemos cuantas podemos y hacemos un gran servicio, créame usted; pero lo he desconocido en este informe porque en sus ideas de progreso su empeño es destruir nuestra corporación, olvidando su decreto de instalación, tan sublime, y en una tierra en que los hombres están siempre en guerra civil ¿no cree usted que las mujeres es utilísimo que cuiden de los establecimientos de caridad y educación de su sexo? Vaya, mi amigo, que ha delirado en ese informe.
Pero vamos a mi asunto. Ésta es enteramente confidencial; no la vaya a poner en el informe. Óigame con calma. Ya sabrá que me han nombrado hace pocos días Inspectora de la Escuela Normal. No se empiece a pelear conmigo. Empiece por saber que lo que tengo al mes son mil pesos, para profesores, útiles y gas. En un tiempo dijo el Gobierno a la Sociedad se pedían a Norte América útiles y libros para las escuelas de ambos sexos. Teniendo esto presente, le pregunto si en ese depósito hay un globo, que necesito para mi escuela normal, que quiero organizarla de modo que usted no me murmure. No es todo. Esos registros que le pedí los necesito, porque me los piden las Inspectoras, sin que por esto crea usted que no hay registros, como cruelmente lo ha dicho; pero éstos les han gustado, y para que vea que no son tan rudas, los han comprendido muy bien. Usted es un injusto, no se contenta con la política y los muchachos y quiere pelearse con las mujeres y no sabe usted qué malos enemigos son! No nos haga la guerra que podemos hacer mucho bien estando de acuerdo. Por mi parte no le hago caso a sus recriminaciones porque creo que es celo por la educación y por eso lo perdono y me repito
Su afecta.
MARÍA S. DE MENDEVILLE
2. (fragmento)
El Colegio de Huérfanas invierte la mayor parte de esos doscientos cincuenta y seis mil pesos en alimentar 90 pupilas, alumbrados, etc., servicio indispensable, rectora, celadoras y portera para el gobierno y orden de la casa, y en el vestuario, libros, etc. de 24 niñas de las más pobres. Su escuela es también la escuela correspondiente a la parroquia de la Catedral al Norte, habiendo en ella más de 200 alumnas, bastante en gastos de mercería y librería, pues se dan esos artículos a las niñas cuyas familias no se los pueden administrar.
A ella está anexa una clase paga y para ésta se ha puesto el dibujo, el piano y el francés, concediéndose estos ramos a alguna que otra niña gratis que lo ha merecido por su extraordinaria aplicación y cuya inteligencia promete adelantos, sin que para esto haya aumento de gastos. La clase gratis tiene ocho maestras, pero de éstas cinco son comunes a la paga para lo último de la enseñanza de la aritmética, la geometría, la geografía y la historia.
La instrucción superior a los medios de existencia o a la clase social podría ser peligrosa si no la acompañase la educación, y esta es inseparable suya en toda escuela; y he dicho podría ser, porque a mí me parece que en las personas cuyas inclinaciones no son peores de lo general, la instrucción, aun sola, puede con la edad desarrollar y enderezar el sentido moral.
Si a Dios hubiese placido hacer de mí un genio, y fuera además un sabio, de los varios caminos que conducen al fin de la corrupción el que yo llevara fuera el de la educación e instrucción de la mujer; pues en unos tiempos en que las cos- tumbres toleran en los hombres faltas que influyen sobre todas las cualidades (la corrupción entre una familia cuyo jefe sea de costumbres puras y otra cuyo jefe tenga las generales de los hombres atestiguará esta verdad) ¡cuán benéfico será el que la mayor influencia sobre los hijos estuviera de parte de la mujer a quien las costumbres, uniéndose a la educación, ha- cen considerar a la impureza como la mayor ignominia! Pero esta influencia ¿cómo la han de tener cuando su incompleta educación, su casi ninguna instrucción, hacen que sus hijos, llegados a hombres, no les guarden, muchas veces, ni las apariencias de sumisión? ¿Y por ventura, el ser razonable y poseer ciertos conocimientos casi indispensables, hará que dejen de ser propias las faenas y el gobierno doméstico?
En este colegio hay cuatro niñas ya de catorce o quince años que yo he visto formarse en él. Si se casasen con un artesano, ¿no sabrían tener limpia la habitación, preparar la comida, arreglar la ropa, gastar en todo lo menos posible? Sí, por cierto. ¡Y con mucho gusto lo harían no usando de la superioridad que podrían tener sobre su esposo sino para corregir sus defectos en cuanto fuera posible y sin hacerle sentir su dominio, pues podrían respetar su dignidad y además sabrían reconocer y someterse a la mayor firmeza de juicio, que todo hombre tiene...! Y todas son bien parecidas, distinguiéndose a más una por su linda voz y otra en el piano, y si se casasen con un hombre cuya educación e instrucción fuese igual o superior a la suya, ¿no habría de ser una verdadera amiga, su confidente,su consuelo, su compañera, su salvadora cuando la pasión lo tuviese trastornado? (...)
La mayor parte de las niñas de este colegio son hijas de matrimonio, huérfanas o de padres sumamente pobres y cargados de hijos o imposibilitados. Y en cuanto a las infelices expósitas ¿no será bueno dejarles creer que son hijas de la desgracia (como lo serán muchas) y no del vicio acompañado de un corazón de tigre?
He ahí mi opinión, tal como me la pueden hacer formar mi carácter, mi educación y mis observaciones, pues mis conocimientos son poco más, no de lo que debiera exigirse, sino de lo que se puede exigir para una escuela primaria.
Una maestra del colegio de huérfanas.
3. Mi estimado señor:
Me han dicho que usted ha publicado un cuaderno en el que hace un proceso a la Sociedad de Beneficencia. Mándeme usted ese cuaderno, que deseo leerlo, pero ya veo lo que le han de responder, que peor están las suyas, que desean tener un buen modelo para imitar. En fin, veremos lo que usted dice.
Esta carta es confidencial, inspiración mía y nada más. El Gobierno nos dijo que se había decretado una suma (no tengo la nota a la mano por la cantidad) para traer libros para las escuelas de ambos sexos, los que se comunicaron a la Sociedad, etc. etc. Como usted está en guerra con esta pobre Sociedad, cosa que yo siento mucho porque no soy guerrera, nadie le hablará de esto; pero como yo lo conozco, le pregunto: ¿podemos pedirle libros?, ¿hay en los depósitos para nuestras escuelas?, ¿cómo nos hemos de entender?
Nuestra Sociedad va a tomar un impulso, queremos hacer muchas cosas, y a pesar de sus latigazos conozco que usted nos quiere y nos ha de ayudar, ni caso les hago a sus rabias, porque cuando en un momento de calma usted piense que usted es dueño absoluto con facilidades como Rosas para hacer lo que le dé la gana, con todo un departamento a sus órdenes, edecanes y subal- remos y plata a su voluntad, y con todo esto tiene usted trabajos y sus escuelas tienen contrariedades, ¿qué serán las nuestras? En esta tierra cuesta mucho hacer algo, y le protesto que, con todos los elementos que tenemos, hay muy malos ratos, y si usted tiene dificultades con los hombres porqué de los nuestros y tenga indulgencia que al fin sirven sin sueldo y hace 38 años que esto dura en esta tierra que nada dura. Yo deseo poner en cada escuela (ojalá pudiera en cada casa) un manual de educación. Mándeme los que pueda. Si hay catecismos, cosa preciosa, mándeme, y en suma lo que pueda. Le repito, esto es confidencial. Si no hay, queda entre nosotros, pero yo deseo que mi puesto deje alguna ventaja y quiero hacer algo, ya sabe usted que he tenido otro luto, estoy cansada de penas, así que pase un poco esta tempestad le he de ver para tomar algunas noticias o consejos para mi plan.
Trabajemos pues como podamos, que en nuestro corazón está la recompensa. Su afecta siempre.
MARÍA S. DE MENDEVILLE