El 1 de noviembre de 1786, nació en Buenos Aires, María Josefa Petrona de Todos los Santos Sánchez de Velazco y Trillo. Sus padres, Cecilio Sánchez, un rico comerciante español y Magdalena Trillo, una viuda casada en segundas nupcias, heredera de una de las mayores fortunas de Buenos Aires.
La infancia de Mariquita sucedió sin grandes sobresaltos, hasta el momento de su compromiso, cuando un escándalo envolvió su figura. El día de su fiesta de compromiso con Diego del Arco, la niña se negó a bajar, aludiendo que se encontraba comprometida con otro hombre, su primo Matín Thompson.
Tras el alboroto, Mariquita fue enviada a la quinta familiar de San Isidro, con la intención de aplacar sus deseos, a la vez que su padre utilizó sus influencias para alejar a Thompson, que pertenecía a la Armada, de Buenos Aires.
Tras la muerte de Cecilio Sánchez, la pareja creyó que podrían finalmente contraer matrimonio, pero no contaban con la oposición de Magdalena, madre de la joven. A partir de ese momento, comenzó un juicio de disenso que duró tres largos años, en los que Mariquita pasó una temporada en la Casa de Ejercicios Espirituales creada por Mamá Antula.
Finalmente las respuestas a sus reclamos llegan de la mano de Rafael de Sobremonte, a poco de ser nombrado virrey del Río de la Plata.
De esa disputa, nos llega la carta enviada por Maria al virrey, transcripta a continuación:
Excelentísimo señor:
Ya llegado el caso de haber apurado todos los medios de dulzura que el amor y la moderación me han sugerido por el espacio de tres largos años para que mi madre, cuando no su aprobación, cuanto menos su consentimiento me concediese para la realización de mis honestos como justos deseos; pero todos han sido infructuosos, pues cada día está más inflexible. Así, me es preciso defender misderechos: o Vuestra Excelencia mándeme llamar a su presencia, pero sin ser acompañada de la de mi madre, para dar mi última resolución, o siendo ésta la de casarme con mi primo, porque mi amor, mi salvación y mi reputación así lo desean y exigen, me mandará Vuestra Excelencia depositar por un sujeto de carácter para que quede en más libertad y mi primo pueda dar todos los pasos competentes para el efecto. Nuestra causa es demasiado justa, según comprendo, para que Vuestra Excelencia nos dispense justicia, protección y favor.
No se atenderá a cuanto pueda yo decir en el acto del depósito, pues las lágrimas de una madre quizás me hagan decir no solo que no quiero salir, pero que ni quiero casarme. Así, se me sacará a depósito aún cuando llegue a decir uno y otro.
Por último, prevengo a V.E. que a ningún papel mío que no vaya por manos de mi primo dé V.E. asenso ni crédito, porque quién sabe lo que me pueden hacer que haga.
Por ser ésta mi voluntad, la firmo en Buenos Aires, a 10 de julio de 1804.
María de los Santos Sánchez
Transcripción de una carta enviada por Martín Thompson en medio del juicio de disenso. Perteneciente al Archivo General de la Nación.
Excmo Sr.
Dn. Martin Jacobo Thompson Alferez de Fragata de la R. Armada y ayudante de esta Comanda. y subdelegado de Marina ante V.E. como XXXX halla lugar comparezco y digo: que necesitando que el Escribano del Gob° me de un testimonio de el acto supletorio del convencimiento, concedido por la superioridad de V.E. a mi prima D°. María de los Santos Sánchez, p° la celebración del matrimonio que tenemos conversado supuesta la oposición de la Madre por tanto.
A V.E. pido y suplico se sirva asi probarlo y mandarlo por ser justicia de imploro de la justificada bondad de VE.
Exmo Sr.
Martin Jacobo Thompson
Transcripción de una carta enviada por Magdalena Trillo, madre de Mariquita, en medio del juicio de disenso.
Perteneciente al Archivo General de la Nación.
17 de Julio
1804
Exmo Sr.
Da. Magdalena Trillo, Madre tutora y curadora de la persona y bienes de su hija legitima Da. M° de los Santos Sanchez con mi mayor respeto dice: Que p. probid.a. de 13 del presente mes, se sirve V.E. mandarla que dentro de dos días perentorios preste a dicha su hija el consentimiento necesario para el matrimonio que intenta contraer con el Alferez de Frag.ta Dn Martin Thompson; o que si causa, y razon tuviese para denegarlo la presente dentro del mismo término, bajo apercibimiento, que de no verificarlo así, se le suplica de oficio. Entendia la exponente, que con la respuesta que acerca de esto dio por escrito al Escribano en la hiperintendencia, havia ebaquado enteramente sus funciones sobre el particular, por que la respuesta no puede ser mas categorica, ni mas racional y prudente combinados todos los extremos. Pero advierte que a pesar de esta su calidad V.E. le manda de nuebo que preste su consentimiento o de razon; en donde inpiese, que o bien no se presento aquella respuesta, o que si se presentó V.E. no la tubo para legitima, en atencion a no ir firmada; mas si no fue en esta forma, no ha sido culpa de la Exponente, sino del Escribano, que no se la trajo a firmar, como se lo previno, quando se la entrego para que la entendiere. Segun estipulo: bien que si de este segundo principio nace el nuebo provehido de V.E. estaba salvado el defecto, con que se hubiera mandado que la exponente reconociera la letra, y declarase sobre la certeza, así como no sabiendose si la letra y firma del papel, o carta preservada por Thompson era de mi hina se le mando a esta que la reconociese, aún sin observar la formalidad de tomarla el juramento a presencia de la exponente como su futura. Mas sea la que fuese la causa del nuevo provehido, lo cierto es que la exponente dio respuesta categorica por escrito y que esta en XXX tomada con plena deliberacion, Y maduro acuerdo, y para que no se crea, que la supone la presencia firmada de su mano, sacada de la copia con que se quedó.
Por ella se conocerá, V.E, que no preste mi consentimiento para el matrimonio de mi hija. No porque rehuse, o no quiera que se case, pues XXX bien lo deseo, sino porque hallo que no le conviene con Thompson. Si a su hija se le pasara el tiempo o le faltaran pretendientes, no se opondría la exponente a que se casase, aunque Thompson no sea para ello. Mas haciendo quien la pretende y quando no quiera con este, no debiendo confiarse que se presente otro, u otros de la calidad que la exponente necesita y a su hija le conviene. ¿que razon habrá, que Magistrado prudente podra compelerla y estrecharla a que de su consentimiento?
Pues que ¿no hay mas, sino para que una joben incauta e inexperta se dejó envolver en los lazos de un Pretendiente astuto, y ambicioso pero han de convenir los padres, quieran, que no quieran, en que se case, y el interesado Pretendiente entre a manejar su caudal, para que se regale, y viva y los nietos perezcan, sino fuese la misma hija? ¿Que Padre habrá que mire esto con indiferencia? ¿Como podrá darse sup. cristiano que ésto autorice, y que compulse a los padres a que condesciendan en su ruina, y la de toda su posteridad, o a lo menos a que callen? ¿Como han de callar con un sacrificio de esta naturaleza y tormentos continuo? No es posible.
Digase que la Iglesia nuestra comun Madre así lo quiere, por el bien del alma, que es primero que del cuerpo. No hay duda, que debe ser primero, porque es parte masnoble el alma, que el cuerpo; aquella es inmortal, y este perecedero. Pero que ¿entre todos los hombres del mundo, solo Thompson agrada a la hija de la exponente? ¿Solo el puede hacersele familiar? ¿Solo el puede asegurar su salvacion? Ese es el XXX, de que comunmente se valen las hijas de familia no bien impuestas todavia de los principios mas elevados en la Religion para arrancar el consentimiento en sus superiores a pretexto de vanidad o virtud. Pero los que han pasado la Primavera de la edad del hombre, y se hallan ya en el otoño, reflexionando sobre las excursiones que hacian en aquella verde edad, tras las flores que los encantaban, saven, y conocen muy bien, que este no es sino el lenguaje de las pasiones, o un velo impenetrable de una fascinacion seductora.
Si a la hija de familias la llevara el aprobechamiento espiritual, si este fuera el deseo que la ocupara, sino atendiera tanto a otra cosa como a la Religion, entonces no se apartara del consejo de sus maiores, entonces no contrarrestara abiertamente a la voluntad de sus Padres, porque la misma Religion que afecta seguir se lo prohibe bajo culpa de pecado mortal, imponiendo en esta materia la obligacion de pedir consejo a sus Padres, y de no dever apartarse de el, por ser caso gravísimo que le requiere, que ninguno se lo puede dar mas sano, y que ella no es capaz de tomar por si sola, careciendo de la edad y experiencia necesaria, embuelta en la niebla de las pasiones, que no la deja percivir la luz. Parecersele a alguno que abla la exponente con encarecimiento o rigorismo. Pero no es asi. Quisiera que los que esto pensasen vieren los Autores, que a la exponente le han leido, y se desengañarian que en lo que se por sentado no hay ficcion ni alucinamiento, singularidad o rigorismo, pues es de muchos, y buenos. Por esto no peca el Padre, ni la Madre en oponerse al matrimonio de la hija con cierta y determinada persona, sino que antes hace cosa licita y honesta, sino conviene, y pueden por lo mismo persuadir a la hija que no lo haga, estorbaselo, y aun amenazarla, si lo hiciese. No se atreviera la exponente a decirlo sino le hubiera visto.
Pero quando la hija no pecara, y la madre no pidiese impedirlo ¿deberia no obstante efectuarse el matrimonio? Si de su celebracion echaré de verse probablemente, que habian de resultar entre Padres e hijos, o aunque no fuese sino entre los Parientes de ambos contrayentes, amargos disgustos, alteraciones pesadas, riñas debates y contiendas, que suscitaren escándalos, dicen otros, no menos que los primeros. Que no se debe permitir, que antes lo debe interdicir o vedar el Eclesiastico, aunque haya esponsales contrahidos, y se haya seguido desfloro de la Virgen, por que la virtud de la justicia, resultase de los esponsales, no puede obligar a la execucion de un hecho, que no puede hacerse sin pecado. Por esto se dice, que de gusto esta que la Iglesia apremie al cumplimiento de esponsales, de donde se temen probablemente riñas entre los padres de los contrayentes ¿Quanto menos apremiara queando se teme entre Padres e hijos y entre estos mismos?
De la inquietud de Dn Martin Thompson, joben por otra parte muy aproposito por la carrera que abrasa, por inadequado para correr con los negocios de la casa de la exponente, no se piede prometer, sino esta discordancia, y desunion de voluntades, que necesariamente ha de dar un estampido. El como joben, colocado en carrera brillante, querrá pasear y gastar. La exponente por el contrario, como que se ve en un cumulo de cuentas abultadisimo, que hay que liquidar. Ventilar y discutir, y que en el dia XX XX X valiese, para haberse serbido Nuestro Señor llevarle a su Marido, querra que Thompson se sugete, se ataree y XXX. ¿Querra hacerlo Thompson? ¿Será Thompson para hacerlo? ¿Que XXX es Thompson, que no se encuentre otro que lo remplaze? ¿Que compasion merece la exponente a su hija, con respecto al estado de horfandad en que la ve, corriendole todavia por las mejillas las lagrimas por la muerte de su Padre? ¿Es esta la XXX bondad que sacan las Madres en las hijas que han XXX en su seno por nuebe meses?
Y V.E. Padre de hijos, Governador Cristiano, Superior equitativo y prudente ¿habria de permitir que este dilubio de males venga sobre una triste, desamparada y afligida Viuda? ¿Tendra V.E. razon para verla padecer mas? ¿Llegara el dia en que pueda decirse que el Magistrado y respetable de estos Dominios atendio mas a los antojos de una Niña que a los justos clamores de una Madre? No lo cree, ni lo espera la Exponente, porque aunque esta es la primera gestion que hase en su integrisimo Tribunal, sabe por experiencia propia que le caracteriza un noble juicio y recto modo de pensar. Save que si el soberano proteje y auxilia los matrimonios convenientes tambien reprueba y rechaza los disconformes y XXX. Y save en fin, que aun la más tierna y dulce Madre la Iglesia no aprueba semejantes enlaces, no procede autorizarlos, y se ofende de los hijos que de esta manera lo intentan. ¿Como no habiendo en esto sino sinceridad, candor y buena fe, se ha de hacer persuadir a la exponente que V.E, ha de suplir el consentimiento que ella mas por fuerza, que de grado niega? Se niega porque su hija, como joben, no consulta la razon, no mira por el bien de su casa, no se compadece de su Madre, ni se condena al celibato olvidando a Thompson, porque hay otros, que sin hacerle agrabio le abentajan en proporciones. Discurra V.E.si en estas circunstancias obra con cordura la exponente en negar su XXX,y si V.E. estara nesesitando a prestarlo o suplirlo, faltando la devida proporcion, y aun la justicia.
María Magdalena Trillo
*Las “XXX” corresponden a palabras que se encuentran ilegibles en el documento original.
Carta de Mariquita Sánchez enviada a su criado Joaquín Sanchez, Mariquita (1819). “Carta a Joaquín”. En Mizraje, Gabriela [ed.] (2003), Mariquita Sánchez de Thompson, Intimidad y política. Diario, cartas y recuerdos, (pp.160-161). Adriana Hidalgo Editora:Buenos Aires, 2010.
Buenos Aires, 26 de mayo de 1819
Querido Joaquín:
Ya espero que habrás recibido mis cartas en contestación a las que me mandaste con Madama Bellina y te estarás arreglando para venir con Martín, pues he pensado que será lo mejor después de lo que me dices. No quiero cansarte con la relación de lo que me han hecho llorar y sentir tus cartas.
Como espero verte pronto, hablaremos de esto. Te mando una segunda letra de cambio por 500 pesos. Te encargo comprar para el viaje todo lo que sea preciso para que Martín sea bien cuidado. Quiero decirte café, azúcar, algunos bizcochos, dulce, algunas cosas que tú sepas le puedan servir sin atenerse a lo que darán en el buque, porque los buques mercantes no son como los de guerra, donde se come y en abundancia. Así, compra todo lo que puedas para que lo tome a la hora que quiera sin tener tú que andar pidiendo. Te encargo también que le hagas hacer una levita de paño, buena, y un fraque, dos docenas de camisas para que lo mudes muy a menudo, corbatas, pantalones y todo lo demás. Cuidado, que no lo traigan mal vestido, sino como yo lo vestía cuando estaba aquí bueno.
En nada, Joaquín, quiero que lo traten como a un débil enfermo, sino como a mi marido. Aquí que arregla todo lo demás de suerte que puedas traerlo. Mi apoderado te dará el dinero que necesiten para todo. Toma uno o dos hombres si le son precisos para su servicio, que te ayuden. Cuidado, Joaquóin, no permitas que nadie se aproveche de su extenuación y si les falta la paciencia y tiene el atrevimiento de no obedecerlo en todo, tendría bastante valor para matarlos. Cuídalo mucho, buen Joaquín, que yo te lo recompensaré. Te encargo también que le hagas componer el pelo. Hazle una peluca, que le abrigará mejor que un gorro y es más decente.
Todos tus amigos te mandan muchas memorias. Te he mandado muchas cartas de Mauricia, Todos los de casa viven y lo mismo que los dejaste. Sólo Ángela ha muerto. Mis hijos te dan mil memorias: todos buenos y muy altos. Cuida de aprovechar la primera ocasión que presente para venir que sea un buen buque. Te agradezco mucho los cuidados que tienes con Martín. Está cierto que te los sabré recompensar.
María Sánchez de Thompson