Los pocos elementos simbólicos: fardos de paja como lo rural, el hacha, la pala como lo siniestro, el teléfono móvil como idiotizante, el papel de diario para tapar el cuerpo y la manzana tentadora, llenan de sentido la puesta en escena. Enmarcada en un paisaje bucólico pero con una sordidez extrema.
En la penumbra acecharán monstruos reconocibles; monos –sin navaja, pero con un hacha- que saltan en la cama. Y se caen.
Bailarines y directores: Gabriela Prado y Jorge Martínez.
Asistente técnico: Rodrigo Pedrosa.