Viernes 22 de Agosto de 2014

Buenos ejemplos

Jacques Clémens, con 105 años, es el sacerdote más anciano del mundo. Ahora sólo da misa los domingos en Nalinnes, su Bélgica natal, en la iglesia de San Benito, que hizo construir hace más de medio siglo.

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Hasta hace poco celebraba, el padre Jacques Clémens, ya con 105 años sobre sus espaldas, celebraba la misa todas las mañanas. Pero el año pasado decidió sabiamente limitarse a la misa dominical: “De todas formas, he enterrado a todas las personas que venían a la misa diaria”, dice con humor, el sacerdote más anciano del mundo. Cada domingo, eso sí, Clémens da misa en Nalinnes, su Bélgica natal, en la iglesia de San Benito, que hizo construir hace más de medio siglo.

Al frente de la parroquia de Bultia, en la diócesis de Tournai, en Bélgica, el padre Clémens es sacerdote desde hace 78 años. Cada semana celebra la misa dominical a las 9.30 en la iglesia de San Benito, que hizo construir hace más de medio siglo, ante una asamblea de 80 fieles, maravillados por la fuerza de sus homilías.



En la ciudad, el padre Jacques es algo más que un sacerdote, es el orgullo de los fieles. "Es como si fuera un miembro de la familia en su propio derecho y todo el mundo se lleva bien con él”. “Es un hito y memoria viviente en la zona”, comentan los feligreses.

A pesar de tener una salud robusta, hace unos tres años sufrió una mala caída y casi tuvo que poner fin a sus actividades sacerdotales. “Esta caída resultó en una hospitalización prolongada, dice el padre Jacques, pero una vez de vuelta en casa, no tuvo otra cosa en mente: volver al servicio. Y eso es lo que hice. Pero reduje mis actividades. Dejé la misa diaria para retener sólo la del domingo” y añade con humor: “De todos modos, las pocas personas que asistían se han ido: las enterré a todas”.

Su memoria sigue intacta, sólo tiene el oído "un poco deficiente", como reconoce él mismo. Él todavía recuerda con nostalgia su tiempo colegial y explica con extraordinaria lucidez “En 1930 hice mi noviciado y recibí la sotana".

Muchos se preguntan si el padre Clemens tiene algún secreto que explique su longevidad pero el sacerdote, de origen holandés, dice sonriendo “Voy a decepcionarlos, no tengo secretos ni sorpresas, llevo una vida muy regular que obedece siempre al mismo ritmo: levantarse, comer y acostarse todos los días a la misma hora” y añade: "no siempre fue así; los primeros años de mi vida no fueron fáciles. Nos faltó la comida durante la Primera Guerra Mundial.”

El padre Jacques tuvo su primer auto en 1960, un Trabant. Pero después la bicicleta pasó a ser su único medio de locomoción. "Hice un montón de ciclismo en mi juventud. Durante la guerra 40-45, armé una bicicleta con partes de otras. Y cuando no podía encontrar un neumático, lo reemplacé con un trozo de manguera de jardín, explica riendo.”

Michelle Galland, de 62 años, que trabajó varios años como catequista al lado del padre Clémens, indicó que para ella el secreto del sacerdote es que “es un hombre que confía en la gente y en la vida”, subrayó.

Canónigo regular de Letrán, el padre Jacques visita a su comunidad todas las tardes, conduciendo él mismo su propio auto. ¡Quedan lejos los tiempos en los que se desplazaba en bicicleta y con sotana!

Fuente: Aica