Traer vida, algo que parece tan natural y corriente, no es tarea tan sencilla. Hacerlo posible requiere nueve meses de cuidados, paciencia y dedicación por parte de la madre, de su familia y de médicos especializados. En este sentido, la obstetricia cumple una función sumamente importante: cuida la salud de la embarazada y la de su bebé antes y después de nacer, y prepara y acompaña a la mujer durante todo el proceso.
Cada 31 de agosto el mundo celebra el Día de la Obstetricia y de la Embarazada, una fecha que se fijó en honor al Cardenal San Ramón Nonato, nacido en 1240 en Lérida (España), tras haber sido extraído con vida del vientre de su madre muerta el día anterior.
En el marco de esta conmemoración, tres historias retratan como es ser mamá en la Ciudad, luego de la Ley Nº 25.929 de Parto Humanizado, que se sancionó en 2004 pero se reglamentó recién el año pasado, luego de 11 años de espera.
Paula Malanga y Mirta Carnevale, son obstetras con más de 20 años de experiencia en las salas de parto del Hospital General de Agudos José María Penna, que el año pasado registró un total de 3.445 nacimientos; un número que lo colocó en el segundo lugar entre los centros de salud que más vida dieron, detrás de la Maternidad Sardá, en donde se contabilizaron 5.552. (Fuente: Ministerio de Salud del Gobierno de la Ciudad)
Ambas coinciden en que la atención, desde el punto de vista humano, siempre se cumplió tal como la ley lo establece, con el debido respeto por las necesidades y los deseos de la familia por dar a luz. Pero según Malanga, los cambios y mejoras implementadas a nivel edilicio permitieron unos cuantos beneficios. Entre ellos, aumentar la velocidad y la comodidad del trabajo de parto, permitirle a la madre tener conocimiento y poder de decisión en cuanto al suministro de medicaciones, la posición de parto y hasta quiénes pueden acompañarla en ese momento.
La ley de parto humanizado establece el respeto a la familia en sus particularidades -raza- religión- nacionalidad- y que se la acompañe en la toma de decisiones seguras e informadas.
El Hospital Penna marca un rumbo que es ejemplar en este sentido. Con su nuevo Centro Perinatal, el establecimiento dio cumplimiento a la mencionada ley. El mismo, incluye un Centro Obstétrico con cuatro salas para prepartos individuales (una de ellas tiene aislamiento para pacientes inmunodeprimidos), cuatro de parto y recuperación post-parto (TPR) con recepción contigua, cuatro quirófanos de alta complejidad y tres camas equipadas como Terapia Intensiva. Además, tiene un Centro de Salud Fetal que permite el seguimiento ambulatorio de embarazadas de alto riesgo, con dos plazas para realizar ecografías, punciones y estudios de líquido amniótico y dos para monitoreo fetal. También, incorporó dormitorios para Guardia y un Centro Obstétrico y Neonatología que está a punto de finalizarse.

Entre los aspectos positivos que trajo la ley, el respeto por los tiempos biológicos y la mejora del espacio de atención y el equipamiento, facilita el trabajo de parto de la madre y aumenta las posibilidades de que los niños nazcan en forma natural en lugar de por cesárea; algo que, además, es uno de los pedidos más frecuentes de las embarazadas, ya sea por estética, religión o velocidad de recuperación.
En 2015, los hospitales públicos de la Ciudad realizaron 26.705 partos de los cuales el 67 % fueron normales.
"Si llegara a ser necesario y los médicos me lo recomiendan, no tengo ningún problema; pero si el nacimiento es natural, mucho mejor", sostiene Ariadna Román (22). Embarazada de 39 semanas, espera con ansiedad el momento de conocer a su hijo Pablo y expresa con firmeza su deseo de que el padre la acompañe durante el trabajo de parto.
"Las madres quieren sentirse acompañadas. A veces, lo único que necesitan es que uno esté presente y les tome la mano", dijo emocionada Mirta Carnevale, quien está a punto de jubilarse y no quiere ni pensar en que ese día llegue.
Al parecer, el recurso legal otorgó una mayor protección a la maternidad y trajo consigo mejoras tecnológicas y edilicias, pero la calidez y la calidad de atención, ya estaba garantizada por la vocación y la responsabilidad de los profesionales del sector.
Parto Humanizado: los derechos
En el caso de la madre:
- A ser informada sobre las distintas intervenciones médicas que pueden tener lugar durante el parto y postparto y participar activamente en las decisiones que acerca de las alternativas distintas si es que existen.
- A ser considerada como persona sana, de modo que se facilite su participación como protagonista de su propio parto.
- A un parto respetuoso de los tiempos biológico y psicológico, evitando prácticas invasivas y suministro de medicación que no estén justificados.
- A ser informada sobre la evolución de su parto, el estado de su hijo o hija y, en general, a que se le haga partícipe de las diferentes actuaciones de los profesionales.
- A no ser sometida a ningún examen o intervención cuyo propósito sea de investigación.
- A elegir quién la acompañe durante el trabajo de parto, parto y postparto.
- A tener a su lado a su hijo o hija durante la permanencia en el establecimiento sanitario, siempre que el recién nacido no requiera de cuidados especiales.
- A ser informada, desde el embarazo, sobre los beneficios de la lactancia materna y recibir apoyo para amamantar.
- A recibir asesoramiento e información sobre los cuidados de sí misma y del niño o niña.
- A ser informada específicamente sobre los efectos adversos del tabaco, el alcohol y las drogas sobre el niño o niña y ella misma.
Persona recién nacida:
- A ser tratada en forma respetuosa y digna.
- A su inequívoca identificación.
- A no ser sometida a ningún examen o intervención cuyo propósito sea de investigación o docencia.
- A la internación conjunta con su madre en sala.
- A que sus padres reciban adecuado asesoramiento e información sobre los cuidados para su crecimiento y desarrollo, así como de su plan de vacunación.
El padre y la madre de la persona recién nacida en situación de riesgo tienen los siguientes derechos:
- A recibir información comprensible, suficiente y continuada, en un ambiente adecuado, sobre el proceso o evolución de la salud de su hijo o hija, incluyendo diagnóstico, pronóstico y tratamiento.
- A tener acceso continuado a su hijo o hija mientras la situación clínica lo permita, así como a participar en su atención y en la toma de decisiones relacionadas con su asistencia.
- A un consentimiento informado sobre cualquier práctica médica que se le realice al niño o niña.
- A que se facilite la lactancia materna de la persona recién nacida.
- A recibir asesoramiento e información sobre los cuidados especiales del niño o niña.