Marcelina Resquín es una de las fundadoras del Comedor Che Guevara, lugar donde funciona la organización Lazos de Mujeres. Allí, se encargan de recibir y acompañar a mujeres que sufren violencia de género. Su principal objetivo es asistirlas y ayudarlas a que puedan avanzar con los trámites de denuncia o decidir a quién tienen que recurrir, siempre haciendo foco en el acompañamiento individual y familiar. El espacio comenzó siendo un lugar de encuentro dónde, mates de por medio, se comenzaron a organizar ollas populares y merenderos para ayudar a la gente que se acercaba.

“A aquellas mujeres que sufren violencia, les digo que estamos para servirles. Invitamos a todas las personas que quieren sumarse a darnos una mano, todo es bienvenido”, Marcelina Resquín.
Nilda Fernández es una de las creadoras de la asociación civil Madres Solas Adolescentes. Allí recibe a mujeres, por lo general jóvenes, que sufren violencia de género y las ayuda a salir adelante mediante un acompañamiento emocional y comunitario. Ella misma sufrió violencia de género hace tiempo y el haber podido salir adelante fue uno de los motivos por los que decidió capacitarse para comenzar a ayudar a que otras mujeres puedan lograrlo. En el espacio se dictan talleres de temáticas diversas como crianza, sexualidad y reproducción, y a la par se arman encuentros lúdicos y comunitarios donde se fortalecen como grupo. Nilda quiere dar un paso más, y quiere comenzar a trabajar los temas de género haciendo protagonistas también a los hombres y hacer talleres de noviazgo para adolescentes.

“Si bien darle un plato de comida a las chicas o a sus hijos es importante, nuestro principal objetivo es ayudar a que se fortalezcan como mujeres”, Nilda Fernández.
Patricia González Freitas forma parte de la Red ProTeGe. Se trata de un grupo de mujeres que se capacitaron en problemáticas de género, y decidieron crear una red para enfrentar el maltrato. La motivación de Patricia para formar parte de esta iniciativa se basa en su experiencia personal, ya que tanto su madre como ella vivieron la violencia en carne propia. Hoy, a través de la red, se logró formar un grupo de compañeras que se ayudan y que orientan a las demás para conocer cómo es el proceso que requiere hacer una denuncia. Patricia asegura que la base del acompañamiento no está en atacar a los hombres o incitar a denunciarlos, sino en compartir historias, charlar, y comprender que ninguna está sola.

“Ayudar a otras mujeres me hace sentir bien. Es difícil salir de situaciones de violencia, pero quiero que sepan que no están solas y que no hay que tener miedo”, Patricia González Freitas.