Aquí se refleja la intención de Larreta de recrear un ambiente del Siglo de Oro español. Éste fue un momento de florecimiento cultural surgido a partir de tres aportes artísticos fundamentales: el musulmán, el flamenco y el italiano. En esta sala, el escritor ambientó el espacio integrando diferentes expresiones que daban cuenta de una diversidad cultural en la que cristianos, musulmanes y judíos, a pesar de las luchas religiosas, también tuvieron períodos de relativa armonía.
La impronta mudéjar, marcada por la influencia del pueblo árabe en su convivencia de ocho siglos en España, puede verse en distintos elementos de la sala: paredes encaladas, frisos de yeserías, zócalos de azulejos y solados de cerámicas con olambrillas. Otro ejemplo de esta relación se observa en el rincón del Patio central donde un conjunto de divanes revestidos en cerámica, almohadones, alfombras orientales; braseros; contadores con motivos de lacería; brocales de pozo y mesitas con incrustaciones de nácar y dibujos geométricos de inspiración andalusí, comparten espacio con obras netamente castellanas como por ejemplo, el panel de retablo de la Sagrada familia. En esta diversidad también se integra el tema de Hispanoamérica y los vínculos que la Península tuvo con el continente, a partir de obras como el retrato ecuestre del Conde de Lemos, Virrey del Perú portando un estandarte con la imagen de Santa Rosa de Lima. En este friso que ilustraba encuentros y conflictos de mundos culturales diversos, estaban presentes cuestiones y debates que aún hoy permanecen vigentes