Marta vive en Purmamarca, donde combina su labor artesanal con la hostería familiar, La Pushka, y ofrece talleres que mantienen viva la tradición textil de la región. Su trabajo rescata técnicas ancestrales heredadas de sus abuelas y de su madre, transmitiendo identidad y paciencia en cada hebra.
Nacida en San Miguel de Colorados el 17 de mayo de 1973, es autodidacta y comenzó su camino en la artesanía en el año 2000.

“Una artesana, dice, crea con sus manos piezas únicas, donde las técnicas ancestrales, la paciencia y la dedicación se transforman en arte”.
Eligió trabajar con textiles porque sus padres ya trabajaban la lana de oveja y la fibra de llama. Con su obra busca “transmitir la historia de las tejedoras e hilanderas de mi familia, la memoria viva de mis abuelas y el valor de lo hecho a mano con paciencia e identidad”.

Marta utiliza el hilado en Pushka, el telar de cintura y el telar a pedales, herramientas con las que da vida a cada tejido, conectando pasado y presente.
“Hoy trabajo con más conciencia, valorando las técnicas heredadas, el significado de los materiales y la identidad que transmite cada pieza”, nos cuenta.

Además de la elaboración de las artesanías para la venta, comparte sus conocimientos con turistas, vecinas de la comunidad y huéspedes de su hostería, manteniendo así viva la cultura textil.

Marta considera al rebozo como su pieza más representativa, confeccionada en lana de oveja y fibra de llama. “Deseo que el rebozo perdure en el tiempo, porque es una pieza que abriga el cuerpo y el alma, y guarda la memoria de quienes lo tejen.”