"¿Es una mesa? ¿Es una invitación? ¿Es un infinito? La escala exagerada y la repetición refuerzan la idea de que lo sencillo y cotidiano se vuelve sagrado. El olor a tuco o puchero, junto con el azul cobalto, remite a las porcelanas chinas, japonesas y a la vajilla inglesa o de Dresden. Rituales de comunidades, rituales que no hay que olvidar. Volver a encontrarse con los sentidos: el olfato, la vista, el gusto."

Dice María Laura Pini: “Hay una mesa quieta puesta con dedicación amorosa. Dispuesta. El plato no es solo barro y esmaltes, es refugio de aromas, de tiempos compartidos, de todo lo que no se dice pero se ofrece. Lo circular se transforma en movimiento infinito. Todo vuelve: el hambre, la espera, la celebración, el encuentro y la despedida. Sé que guardo historias que siempre regresan. Si el plato está roto, hay promesa de que todo vuelva a empezar distinto, con la belleza del error. Así lo cotidiano se vuelve sagrado”.