📷 Gentileza Disney + / Consuelo Oppizzi
Hay ciudades que funcionan como escenario. Y hay otras —menos frecuentes— que directamente actúan. Buenos Aires pertenece a esa categoría: tiene presencia, climas, textura visual y una capacidad extraordinaria para transformarse. En pocas cuadras puede parecer París, Madrid, Nueva York o una versión exageradamente cinematográfica de sí misma. Esa mezcla de sofisticación y autenticidad parece ser lo que enamora a las cámaras.
Filmar en Buenos Aires es descubrir un set a cielo abierto: una ciudad vibrante, con contrastes arquitectónicos, diversidad de locaciones y una energía única. El último fin de semana largo hubo filmaciones en casi 60 locaciones. Series, películas, publicidades y videoclips la muestran al mundo a través de diversas plataformas. En esos días no laborables, donde el Microcentro se vacía de oficinistas, hubo rodajes de todo tipo: desde escenas del thriller El Enemigo Interior, de Santiago Mitre en Plaza de Mayo, hasta una publicidad de ropa deportiva, en una muestra de lo que representa Buenos Aires para los realizadores y marcas.
"Fue una jornada soñada, soleada, increíble en una ciudad que abre sus puertas a las ficciones", comentaron a LINDA los técnicos del film protagonizado por Peter Lanzani. A pocas cuadras, sobre la calle Bartolomé Mitre y Reconquista, una multitud de extras aparece vestida con la camiseta de la Selección en una postal que exuda argentinidad.
Desde la Ciudad, que concentra el 70% de las productoras, hay programas que estimulan la industria local: uno de ellos es BA Producciones Internacionales, que devuelve el 25% de gastos elegibles —con un tope— para proyectos de financiamiento internacional que realicen al menos 4 jornadas de filmación en la Ciudad e inviertan más de 300 millones de pesos. Films como Parque Lezama y La casaca de Dios o las temporadas 3 y 4 de Envidiosa formaron parte del programa cuyo impacto generó nueve producciones audiovisuales. Por cada peso invertido por la Ciudad se generaron $17 de inversión privada.
📷 Gentileza Netflix
Postales al mundo
Los rodajes también estimulan el turismo. Un caso paradigmático es el de la serie Nada —protagonizada por Luis Brandoni y Robert De Niro, que tendrá su segunda temporada con Todo, próxima a estrenarse— o El Encargado, que volvió al edificio de estilo brutalista de Arribeños al 1600, en un punto de interés para locales y extranjeros.
Otra serie embajadora es El Eternauta, que se mantuvo por semanas en el top 10 de las de habla no inglesa, y exhibe a una Buenos Aires distópica. El Puente Saavedra y diversos escenarios de Núñez y Belgrano conforman un paisaje inquietante y postapocalíptico.
Envidiosa es otro ejemplo de atractivo turístico: exhibe joyas urbanas como el Planetario Galileo Galilei o el Pasaje Rivarola, una de las calles más cinematográficas de la Ciudad. Algo parecido sucede con las escalinatas del Museo Enrique Larreta y sectores del Fernández Blanco, muy buscados por las ficciones contemporáneas.
📷 Gentileza Disney +
En pantalla gigante
El cine argentino también encontró en la Ciudad una aliada narrativa. El Parque Lezama de la película homónima o el Edificio Kavanagh en Nueve reinas son locaciones reconocibles, mientras que el Palacio de Tribunales se vuelve fundamental en Argentina, 1985, donde la arquitectura judicial refuerza el peso histórico y político del relato.
Los cafés y bares porteños también son irresistibles para el cine. La legendaria Confitería La Ideal apareció en Evita, de Alan Parker, protagonizada por Madonna. En San Telmo, el mítico Bar Sur fue una de las locaciones de Happy Together, del hongkonés Wong Kar-wai. También en San Telmo, el histórico Bar Británico apareció en Tetro. Su director, Francis Ford Coppola, quedó fascinado con esos bares donde "parece que el tiempo circula más lento".
Pero la Ciudad no sólo ofrece refinamiento y melancolía. También sabe mostrar crudeza. La ex cárcel de Caseros se volvió central para la serie El Marginal, de Adrián Caetano. El lugar no era un fondo: transmitía violencia, encierro y marginalidad y fue parte esencial de la identidad visual de la ficción.
Esa potencia urbana también aparece en la estación Constitución, utilizada en There Be Dragons, de Roland Joffé. Con sus techos inmensos, multitudes y mezcla social, funciona casi como un personaje autónomo dentro del relato audiovisual.
"El espacio nunca es neutro: siempre cuenta algo sobre los personajes", señaló la historiadora e investigadora Clara Kriger en distintos estudios sobre cine y urbanismo. Quizás ahí esté el secreto. Buenos Aires no funciona sólo como telón de fondo. Tiene carácter, nostalgia, sensualidad, caos y humor. Como los grandes actores, sabe cuándo acompañar una escena y cuándo robarse toda la atención.
📷 Gentileza Netflix / Marcos Ludevid