

Después de la búsqueda en soledad, las madres y madres-abuelas salieron a la calle. Recorrieron ministerios, comisarías, iglesias, juzgados, juzgados de menores, orfelinatos y hospitales, se encontraron con otras mujeres a las que les sucedía lo mismo.
El 30 de abril de 1977 decidieron llevar esos reclamos a la Plaza de Mayo; se identificaron con pañuelos blancos que llevaban los nombres de sus hijos desaparecidos. Este reclamo se repetiría todas las semanas. Todos los jueves las madres y madres-abuelas volvían a la plaza bajo la vigilante mirada de la policía y la mirada indiferente de la sociedad. Por ese entonces, "el silencio era salud" y "algo habrán hecho", decía gran parte de la sociedad.
Al principio eran solo catorce pero al poco tiempo se sumaron muchas más y así surgió el Movimiento Madres de Plaza de Mayo. Estos reclamos no solo se hicieron bajo estricta vigilancia y muchas veces represión policial sino también se pretendió amedrentar a este grupo mediante la desaparición de algunas de las madres, entre ellas Azucena Villaflor, quien había asumido cierto liderazgo dentro del movimiento.
Al respecto resulta interesante la siguiente interpretación historiográfica: "...Parece a primera vista cierto, que desde la presunta visión de los represores, que atacar a la madre con el poder simbólico que ello conlleva en una sociedad de principios cristianos implicaba un alto costo político internacional y nacional para el poder militar. Por otro lado y desde otra perspectiva, los hombres eran más vulnerables en las manifestaciones públicas y habrían sido el sostén económico de las mujeres por lo que debían permanecer en la retaguardia y en el trabajo."
(Di Stefano Roberto, Sábato Hilda, Romero Luis Alberto, Moreno José Luis, "De las cofradías a las organizaciones de la Sociedad Civil , Historia de la iniciativa asociativa en la Argentina, 1776-1990". Gadis. Buenos Aires, 2002).
La actividad de las Madres trascendió las fronteras y recibió el apoyo de organizaciones internacionales. Hacia el año 1980 contaba con 20 filiales en todo el país y más de 3.000 miembros colaboraban con el movimiento.